lunes, 30 de abril de 2012

¿Quién me ha robado el mes de Abril?


Si Marzo fue un mes pesado, lleno de kilómetros, de indigestiones y de los nervios de una mudanza. Abril se ha caracterizado por ser un mes ligero, tan liviano que apenas llegó y apenas se está yendo. Un mes lleno de viento y, por fin, de lluvia. Un mes con nieve, copos enormes, como personas casi centenarias no recordaban haber visto en un pueblo de Soria. Abril será sobre todo el mes en que mi hijo comenzó a hablar y el mes en que mi hija podía nacer en cualquier momento, y esa felicidad latente, a punto de hacerse doble, y luego el agradecimiento a la vida, y una falta de miedo que daba miedo. Abril fue el mes de por qué otra vez, pero también ya, por fin, y yo me entiendo.

Y volví a engrosar la lista del paro, del que se hablaba todo el rato, crisis, crisis, bla bla blá, y comencé a sentir que gente cercana estaba realmente jodida, algunos cercanos a la desesperación. Abril fue el mes en el que el Madrid ganó por fin al Barsa en el Camp Nou y a mí me importaba un carajo, porque todo eran nervios y que todo salga bien. Y al día siguiente Nadal ganó también por fin a Djokovic y ¿sabes qué? siempre nos quedará Montecarlo.

Todo el rato llovía, o hacía viento y algo de sol, pero no mucho. Comer algo rico me parecía enormemente placentero, correr a ritmo de 5:40 una delicia, fue el mes de las galletas gerblé y el té azul, pero también el mes en que odié la informática y sobre todo en que entendí que todos mis constructos y muletas mentales no servían absolutamente para nada, y que esa misma frase tampoco. 34 años viviendo en un engaño. Y ese engaño tampoco importaba.

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